08 marzo 2006

Matamos a Hall 9000

Aquella endemoniada máquina parecía un dj escracheando sin pausa. Y había reducido su lenguaje binario a una traducción de "esto no se puede", "así no", "me he atascado", "no doy más de mí mismo".
Al contrario del personaje de Marvin, el robot con angustia existencial y grave adicción al prozac del que habla Douglas Adams en la Guía del autoestopista galáctico, quien se deprimía ante aquel espectáculo de negación electrónica era yo, mientras los contenidos nuevos se acumulaban en el cajón de las cintas.
Así, esto explica que las últimas semanas nuestra acostumbrada regularidad (algún día pasaremos a ser directamente buenos, no hay que desfallecer) brillara por su ausencia. Quizás con esto parezca que responsabilizamos a un objeto sin vida de nuestras propias obligaciones, y no sea esta más que otra prueba de una inmadurez pronunciada. En ese caso, después de practicar la respiración asistida al G5 y haberle sacado el Hall 9000 hijoputa que llevaba dentro, no tengo más que desear suerte y suerte al maduro que le entre un chungo de esos en su herramienta de trabajo.

Este fin de semana volvemos a la normalidad, si es que eso existe.